Mi jefe me odia, ¿Qué puedo hacer?

Mi jefe me odia, mas de una vez habréis escuchado esta frase, en boca de familiares amigos o compañeros de trabajo. En la mayoría de los casos, y por regla general no pasa de ser una mera anécdota, una mala jugada de nuestra percepción pero en otros, no es una situación fácil de resolver, pero nada es imposible.

Mi jefe me odia, mas de una vez habréis escuchado esta frase, en boca de familiares amigos o compañeros de trabajo. En la mayoría de los casos, y por regla general no pasa de ser una mera anécdota, una mala jugada de nuestra percepción pero en otros, no es una situación fácil de resolver, pero nada es imposible. Así que no te desesperes aquí te explicamos sencillos trucos para que de alguna manera limar asperezas con tu supervisor.

Tu jefe está en una posición de fuerza, con o sin razón. A menos que tú puedas confirmar grandes errores de su parte, podrás probar parte de la discriminación que ejerce sobre ti. Pero con toda seguridad esto es probablemente un error y, suele ser la base de conflictos en su mayoría mayoría menores, y allí se puede tomar acción y efectuar el primer movimiento.

¿Qué puedo hacer mejor?

Esta es la gran pregunta. Lo primero es intentar llegar a un mínimo entendimiento con tu responsable (de nuevo). Necesitas tener una conversación (no una discusión) con él, y este sería un buen principio. Una de las preguntas que yo le haría, sería la siguiente: “¿Cómo puedo mejorar?” o ¿Qué puedo mejorar? Esta es una manera de poner la primera piedra y, como no de romper las posibles reticencias de tu jefe a esta conversación. Nada mejor para acortar o salvar nuestras distancias que hacer esta sencilla pregunta. En este momento de la conversación debes ser firme, pero, no seas duro ni mucho menos agresivo.

La respuesta puede ser difícil de escuchar. Cuenta en cualquier caso con la crítica, tal vez tú ya sepas de antemano lo que va a pasar en esa fase de la conversación y, lo que posiblemente conteste tu interlocutor. La ventaja es que, al hacer la pregunta, tomas el control de la situación: Es entonces cuando se puede llegar a abrir el diálogo respondiendo a las declaraciones de tu jefe, es posible que a partir de este momento esta iniciativa tuya pueda mejorar vuestra relación profesional.

Estos son los puntos a tener en cuenta:

Miedo a ser despedido/a

Comienza la conversación con tu jefe, sin prejuicios ni equipaje emocional. No pienses ni por un momento que el solo hecho de haber pedido una reunión con él para limar asperezas, es motivo de despido fulminante. Las primeras horas o días después de haber mantenido esta conversación y, haber hecho esta pregunta podrían ser un poco inquietantes, pero decir que es lo mismo por él. Así que solo queda demostrar que las cosas se pueden hacer bien de mutuo acuerdo entre las partes.

No te imagines lo peor

La mayoría de los empleados y/o mandos intermedios esperan oír lo peor en estas circunstancias, y tienen por regla general erróneamente el corazón en un puño. Pensamientos como: “Esto confirma que lo sabía” o “mi jefe me odia profundamente en su corazón” muestra que, en la mayoría de los casos, no estamos en el camino correcto. Hay que tener valor, pero no conectes ondas negativas sobre la situación.

Incluso puede ser que te encuentres con la grata sorpresa de que no te odie, al final y, por tanto, tienes la mala costumbre de malinterpretar las cosas y las situaciones. Y eso, solo lo puedes averiguar hablando y comparando con él.

No reaccionar a la defensiva

¿Tu jefe te da una valoración negativa? CALMA. Si de pronto te arrancas por una defensa encarnizada de tu posición, exponiendo tus razones se puede llegar a hacer imposible la conversación y el sano debate. Incluso si tú estás convencido de que es un error, liberarse del pasado y buscar la forma de entenderte con tu jefe, es mejorar el futuro a nivel profesional.

No uses el correo electrónico

El centro de la empresa o del despacho profesional con todos los compañeros de la oficina mirando, no es la manera correcta de comenzar la una conversación con tu jefe y, mucho menos evitar en la medida un (posible) conflicto.

Háblale en persona y concreta una reunión. Sé breve y como último recurso llámale por teléfono para establecer posteriormente un punto de reunión o para preguntarle si hace falta aportar algún tipo de documentación o dato. Evita enviarle un correo electrónico adjuntando en el mensaje todos los “innumerables” e “innombrables” motivos por los cuales quieres mantener una reunión con él. Lo mejor es el cara a cara: Tu lenguaje corporal si es sincero confirmará que realmente quieres resolver el problema si es que finalmente lo hay.

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